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Ediciones Obelisco


Nota de prensa

La novela de la mayoría

01/01/2007 | Más Allá (Autor: Javier Sierra)

Quizá ustedes no lo sepan, pero en el corazón del Alentejo portugués existe un pequeño pueblo de mil quinientos habitantes llamado Cuba. Sí, sí, como la isla caribeña. La anédota no tendría mayor trascendencia de no haberse inaugurado allí, el pasado 28 de octubre, una estatua de dos metros y medio de altura y una tonelada y media de peso dedicada a su vecino más ilustre: Cristóbal Colón. Aunque lo mejor sería decir presunto vecino, ya que, desde el momento en el que se hizo público, el proyecto estuvo rodeado de una agria polémica. "¿Pero no era Colón genovés?" "¿O mallorquín?" "¿Y los que demuestran que fue gallego?". Para las autoridades de la Cuba lusa, esas dudas no proceden: Colón puso el nombre de su pueblo a esa gran isla para honrar así a su "patria chica". Y, además, dio nombres del Alentejo a no menos de cuarenta enclaves americanos: Trinidade, Veracruz, Guadiana... De hecho, tan seguros están de esa pequeña Cuba que tanto representantes de la Iglesia como del Ministerio de Cultura portugués o el embajador de Fidel Castro en Lisboa secundaron el acto, apoyándose en las teorías que afirman que Colón se llamó realmente Salvador Fernandes Zarco y que el buen navegante, hijo ilegítimo del duque de Beja, enmascaró su identidad para no perjudicar el buen nombre de su familia. ¿La prueba? Los expertos la han hallado en la misteriosa firma del Almirante: XTO FERENS. Ese anagrama enmascara el apellido "ferenandez", con la S final como alusión velada a Zarco. Pero, ¿qué validez histórica tiene esta teoría? En realidad, no es más que la tesis de la novela El códice 632, del portugués José Rodrigues dos Santos. Todo es especulación. Todo. Ya el inquisidor Juan de Torquemada, para explicar el topónimo Cuba, recurrió hace cinco siglos a una ingeniosa teoría. Según él, los nativos americanos no podían ser sino descendientes de alguna de las diez tribus perdidas de Israel de las que habla la Biblia. De hecho Cuba se parece a la palabra hebrea "casco". Pero él no fue el único en encontrar el origen del topónimo. Recientemente me entrevisté en Madrid con Ruggero Marino, autor del libro CRISTOBAL COLÓN, EL ÚLTIMO TEMPLARIO, que será publicado próximamente en Obelisco, y me dio otra explicación. Para él, nuestro descubridor fue hijo bastardo de otro gran hombre de su tiempo, el papa Inocencio VIII. Y para homenajearlo dio a Cuba el apellido secular de su progenitor. Y es que, en efecto, el nombre mundano de aquel papa era Giovanni Battista Cybo. ¿Cuba? Con todas estas dudas, sorprende la vehemencia de los discursos pronunciados el pasado 28 de octubre en el Alentejo. Las autoridades urgieron a los responsables de los libros de texto a reescribir las páginas dedicadas a Colón y a afirmar que ya, sin género de dudas, Cristobal Colón se llamó Cristóvâo Colombo y fue de sangre portuguesa. A la vista de este embrollo, surge una ácida reflexión: ¿qué es la historia sino la "novela" aceptada por la mayoría? He aquí un buen botón de muestra.